Nueva Imagen - Arte DigitalÔ
Arte Exclusivista Actual Para Contextos De Alto Standing

* Creación *
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Guía de la Colección ⋙
Texto: Antonio Enrique, crítico. |
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Lo
digital es exacto como el cuarzo y preciso como el acero. Ésta es su belleza.
Lo digital es limpio. El cuarzo alinea en sus aristas mundos transversales de
colores calientes e ignotos, y el acero percute en su refulgente aleación
imágenes prístinas, duraderas, formulaciones de líneas y perfiles jamás
soñadas. El esteticismo digital es otro camino, cuyas posibilidades infinitas
desarrolla como nadie Jorge Rafael Marruecos: una distribución novedosa del
color, líneas que se conforman a la manera de una incesante entropía, el
laberinto holístico de tonalidad y forma sin principio ni fin. Con Jorge
Rafael Marruecos entramos, efectivamente, en la Pintura de luz; propiamente. |
1 *** “Fe” ***
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Son
auténticas Joyas de Luz estos Cuadros. Por ellos entramos en el calidoscopio
de los colores vistos desde dentro. Los colores, por dentro, no son los
colores que nosotros conocemos. Los colores, ahí, respiran, palpitan, crecen,
menguan, se transforman de continuo e interminablemente. Lo quieto está en
movimiento, si se contempla desde dentro y hacia fuera. Pareciera vivir por
sí misma, la coloración. Vibra, cobra velocidad, se para instantáneamente.
Enuncia formas primigenias. Redecora las ya conocidas. Ornamenta la atmósfera
con reverberaciones intangibles. Imita cúpulas a la manera de conchas
siderales. Copia la exquisita inclinación de la lluvia. Convierte el mar en
una apatía de tonos verdecentes e implacables vislumbres de un arcano
irrepetible. Pero
Jorge Rafael Marruecos, creador inagotable, no sólo aporta innovación
técnica, no sólo innovación tecnológica; él aporta innovación conceptual, a
una realidad que queda aquí sobrepujada. Una concepción nueva del Espacio
quiere decir la distribución espacial en volúmenes y perspectivas diferentes
a las hasta ayer vigentes; una concepción nueva del Tiempo exige nuevas
formas de intensificación y fragmentación temporales, entendiendo que Espacio
y Tiempo son meros flujos en el discurrir de la Energía. Ese es el postulado
desde el que el autor cristaliza, en forma de joyas de luz, escenas oníricas
del subconsciente colectivo o bien estiliza hasta el paroxismo figuras del
imaginario cultural de nuestra época. Es el suyo un trayecto emocional a
través de la sensorialidad humana. |
2 ***
“Ventana Azul” ***
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Un
trayecto en el que el autor va desarrollando posibilidades de vértigo, como
el cuadro titulado “Fe”.
Un vortex cósmico, una estructura espiral absorbente con textura de vítrea
religiosidad, hacia un punto antimatérico que no es sino el estallido del
Amor que se entrega en celestial y deliciosa sublimación. Posibilidades hacia
lo inquietante de un mundo abisal de azules envolventes, como en el titulado
“Ventana azul”. Posibilidades de metamorfosis presentidas en el intenso
intimismo afectivo de lo cercano y cotidiano, como “Mesa
camilla” |
3 *** “Mesa Camilla” ***
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Un
calidoscopio, si observamos bien, no es más que la esquematización de un
jardín soñado. Los espejos son el agua retenida, que copia diseños humanos en
caprichosa proporción de objetos fungibles. Y ahí tenemos su “Torsión
anatómica II”, un torso que parece de jade fundido, o bien el reflejo en el
acero de un cuerpo deslizante e iridiscente. Es la potencia, la energía
corporeizada, vital, en humano movimiento. |
4 ***
“Torsión Anatómica II” ***
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La
Colección alcanza un punto de sublime inasibilidad con “La tonsura de la tarde”,
un vapor sobre vapor, de manera que cielo y tarde, agua y aire se confunden a
la búsqueda de un horizonte imposible; los colores ahí, bullentes de
abrasados, recorren la gama de la luz sin sombra. Son miles de colores, y no
es ninguno. Los colores, dijérase, acaban de pasar. Son, los colores, la
estela que han dejado. Son el anemos de una insuflación instantánea. Los
colores, en su grandeza y expansión, comunican deseo de quietismo, voluntad
de transformarse en noche. |
5 *** “La
Tonsura de la Tarde” ***
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Uno
de los más enigmáticos cuadros es éste de “Sueño de alfarero”, donde está
presente, aunque implícita, una fabulación en torno al origen del ser humano.
La arcilla no era entonces carmínea o bermellón, sino de un azul traslúcido,
cercano a la palabra de un Creador que no es sino el Tiempo mismo. Es una
belleza absoluta esta ánfora antropomorfa, que adopta carnalidad primigenia
humana, con un hueco donde aún no ha sido instalado el corazón. La lividez
tonal semeja destello de planetas sombríos, en un mundo que acaba de nacer.
Por eso, la materia es de brillo opaco, azules y violetas que confluyen en la
temeridad de un celeste de aguamarina, un cerúleo esplendor próximo a la
llama del horizonte en que se asienta. |
6 *** “Sueño
del Alfarero” ***
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Otro
de los más bellos cuadros viene acotado por la noción “Luz dibujada”, y es,
viene a ser, algo así como el análisis de un destello. Yo amo especialmente
esta pintura que no tiene forma, que son simplemente planos de color
articulados en ejes contrapuestos, como si fuese posible romperlos para
recomponer concatenaciones cromáticas inéditas. En este cuadro lo que vemos
en realidad es un cuásar, con un fulcro central que desprende una luminosidad
anterior a su polarización, esto es, una luz sin movimiento, extática. Un
cuásar helado y sideral; por ello, incandescente. |
7 *** “Luz
Dibujada” ***
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Estos hielos, a su vez,
se prolongan en mundos silenciosos, serenos hasta la beatitud en “Espejo de
hielo”, cuyos cristales insinúan lotos de una meditación celestial; o bien
acompasan sus perfiles microorgánicos como escarcha rota sobre el agua gélida,
tal apreciamos en "Espejo de agua". O bien, es más, se volatiliza en
grumos de éter, inmensos cúmulos de lente suspendidos, en la inefable extensión
de unos cielos inmensos, radiantes, sobre un mar de nuevo indiscernible con el
horizonte: “Alba marina”.
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8 ***
“Espejo de Hielo” ***
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9 ***
“Espejo de Agua” ***
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10 *** “Alba Marina” ***
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Este
calidoscópico jardín, que son las presentes ideogramificaciones, se simboliza
en el homenaje vegetal hacia la rosa: “La rosa, su aroma”, y “Rosa continua,
eterna rosa”, una confabulación ambas de pétalos que imitan las huellas de una
yema de dedo, sinuosas, envolventes: lo apretado aquí de la espiral viene a
ser, en proporción, la presentida expansión de sus contornos. Es una rosa,
ambas, en extremo vegetal, una rosa verde y negra, como hechos, sus pétalos, de
la madera que hubiera retenido en la memoria; una memoria que, en la rosa, es
su aroma, es su olor. ¿Cómo es el olor de una rosa sino envolvente, por
intenso, y verde, por su jugosidad? La rosa, ambas rosas, despliegan los cauces
de su savia, y van así, en círculos concéntricos que arrancan, centrífugas, de
un origen perfectamente estático, maravillosamente simétrico, hasta ascender,
al tiempo que crecen, diáfanas, traslúcidas, hacia los lados convergentes. Las
rosas son la misma imagen del tiempo: por incluir su propia semilla, implican
la ceniza de su desaparición final; son bellas por esto mismo: no duran lo que son.
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11 *** “La
Rosa, Su Aroma” ***
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12 *** “Rosa Continua, Eterna Rosa” ***
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“Bodegón
digital”, con su transición de los tres colores mágicos por excelencia, rojo,
negro y blanco, distribuidos en equilibrio cóncavo-convexo en sus simulaciones
de frutos inconclusos (un licor en vidrio insuperable, nutrientes en
sorprendente cerámica digital, etérea mantelería inundada de, volcada en, la
plena luz), deja paso ahora al más atrayente, a mi parecer, cuadro de este
complejo iconográfico que es la Colección: “Córdoba, evocación de la Mezquita”.